diciembre 01, 2007

NOS PUSIMOS MELANCOLICAMENTE FOLK

No puede faltar Bob Dylan








Subterranean Homesick Blues.








Y tampoco la bella de Joan Baez
























Y aquí los dos juntos


Donovan

Para las mentesillas revolucionarias, aquí el buen Donovan con Universal Soldier. Autor que siempre reconforta el espíritu.

noviembre 26, 2007

FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN


Comentario a la Filosofía de la Educación de Octavi Fullat

OLIVER E. LÓPEZ


Hablar de educación es tema bastante amplio. Hablar de filosofía de la educación lo amplio se vuelve problemático, es decir, si los temas de la educación por sí solos presentan problemas para su comprensión, vista la educación desde la filosofía resulta algo aún más complejo. De entrada, ya los conceptos filosofía y educación son difíciles de comprender, ahora juntos es algo tremendo. Lo interesante es poner las cosas bajo la óptica de la filosofía, entonces el tema de la educación ya no sólo podrá señalarse con el dedo, como lo menciona Fullat, sino que se intentará hablar de una compleja actividad.

Octavi Fullat para esclarecer una definición de lo que es la filosofía de la educación hace primero una extensa aclaración de muchos de los temas que se manejan en este campo, que es el de la filosofía hablando de educación y no la educación haciendo filosofía. Estas aclaraciones van desde los conceptos centrales filosofía y educación, hasta palabras como teoría, diálogo, ciencia, pedagogía, etc.

Sin duda es desde la filosofía desde donde se puede polemizar y aclarar los conceptos que son utilizados en algunas otras ciencias, porque consideramos que la filosofía es crítica, ésta considerada como la herramienta con la que podemos poner en duda todo, por ejemplo una filosofía de la educación no le interesará cómo educar, ni con qué educar, ni en qué medio ni a qué sujeto, sino cuestiones como quién es el educando, qué es la educación y para qué es la educación. Aunque haya quines no concuerden con esta visión acerca de la definición de filosofía me parece que es la más adecuada para entablar un discurso y una relación con la teoría educativa o propiamente, con la educación.

Así pues, Fullat hace un recuento de lo que son los orígenes de la filosofía, para poder luego entablar ese diálogo con la educación. La filosofía que surge como una duda ante lo desconocido, una admiración, una contemplación al entorno del ser humano por él mismo, una búsqueda de la verdad. En estos termino es necesario ahora que la acerquemos a la educación y podamos decir: qué es filosofía de la educación. Fullat establece dos definiciones, la primera que dice que filosofía de la educación es el saber racional y crítico de las condiciones de posibilidad de la realidad experimental educativa en su conjunto. La segunda establece que es un saber crítico que esclarece los conceptos, los enunciados y las argumentaciones que utilizan educadores y pedagogos. Considera el autor que para encontrar una definición omnicomprensiva del tema sería necesario poder juntar las dos definiciones; sin embargo aboga por decir que filosofía de la educación es un cuestionamiento de lo que se hace y se dice en los campos educativo y pedagógico en general, como estos son de y para el hombre, surge entonces una pregunta :¿habrá una antropología de la educación?

Dentro de la filosofía de la educación habrá dos importantes orientaciones: la primera es sobre lo que se dice y la otra sobre lo que se quiere, con esto conjugar los dos primeras definiciones que establecía, poder hablar de un análisis lógico del lenguaje y de una antropología. Entonces se establecerán cinco tareas que contiene la filosofía de la educación.

1.- Análisis de lenguajes. Qué es.
2.- Antropología de la educación, es decir, que el hombre es educación. Para quién.
3.- Teleología de la educación. Para qué el hombre es educado. Para qué
4.- Filosofía de la historia de la educación, es decir, mostrar las constantes y dirección de esta historia. Cuándo.
5.- Una epistemología de la educación, considerar el valor de las ciencias y técnicas educacionales. Cómo.
Podemos ver claramente a lo que se refieren estos cinco puntos dentro de la filosofía de la educación, es decir, que la filosofía de la educación comprende un estudio científico o epistemológico de los mismos términos y saberes, que lo que se quiere saber es esa verdad, que puede ser conocida con un método, plantear ciertas hipótesis y someterlas a la experimentación para darlas como verdaderas o falsas.
Por otro lado es necesario decir que el aprendizaje es algo inherente al hombre, desde el momento que es ese ser busca y se admira, que encuentra, que quiere saber, y hace perdurable sus saberes y los aplica a la cotidianidad de su existencia, por tanto se habla ya de una antropología de la educación. También se está pensando en una finalidad de la educación, o, que la filosofía de la educación debería únicamente ocuparse de los fines o las finalidades de la teoría educativa, claro que es necesario considerar este aspecto aunque no del todo como tal, es decir, que no me parece que le ocupe a esta filosofía solamente las finalidades, porque sería una mera utopía todo lo que se llegara a decir sobre la educación y nunca se “aterrizarían” observaciones críticas a menos de que fueran proyectadas a futuro y sin ninguna garantía de que en la práctica fueran acertadas, se estaría siempre mirando hacía allá, y el aquí quedaría olvidado. Aunque es necesario que siempre una filosofía de la educación se ocupe o por lo menos contemple las finalidades de la educación, es decir, plantear el para qué de la educación, pero no como la única tarea.
Está también el conocimiento de la historia, y sobre todo la historia de la educación o de las teorías educativas, necesario para situar en el contexto correspondiente las observaciones en torno al tema, para aclararlo como algo que esta dentro de un proceso y que no siempre será de la misma forma. Será de mucha utilidad el conocimiento histórico de la educación para establecer criterios de conocimiento acerca de lo que es la educación, conociendo lo que hubo se tiene ya un punto de partida para poder considerar lo presente y lo que vendrá, cómo a cambiado y cómo puede cambiar, qué se ha hecho y qué se puede hacer.
Entendemos pues, que estos temas le conciernen a lo que sería una Filosofía de la Educación partiendo de que ésta es un siempre replantearse los conceptos, las formas, las teorías y las argumentaciones, entendiendo también que la Filosofía de la Educación entre muchas cosas difíciles de precisar, —las que ya mencioné y menciona Fullat,— comprende un análisis lógico del lenguaje, por tanto una crítica.

noviembre 20, 2007

DELIRIO NÚMERO 4887

DELIRIO NÚMERO 4887
Oliver E. López

No les interesa el arte, sino la faramalla en la que han convertido su exhibición, el arte se confunde con el show, y el show una forma de mostrar algo con el fin último del espectáculo, más aún, de raiting, diplomitas, ascensos, fama; además, se usa para mostrarse quienes merodean el arte sin sabérsele acercar. ¡Parásitos del arte, idólatras de la cultura!, sí. Los galeristas, los institutos culturales y demás hiervas que viven a expensas del arte, de exhibirlo, de venderlo y hacer el ritual del show: presentaciones, congresos, cursos, talleres, todo con el único fin de descoporeizar el arte, de descualificarlo y convertirlo en objeto de consumo, en objeto de tiendas Malt. Por otra pate, el ritual del show es un bálsamo para el pueblo, artistas, o mas bien dicho pseudoartistas contentos, igual a pueblo contento, y pueblo contento igual a buen gobierno. Mentira. Los institutos culturales no hacen más que administrar un arte aceptado por las formas criticas del consumo, publicaciones, becas, actividades y demás, qué maravilla. Sin embargo no deja de existir aquél otro arte que dice No, aquél arte que está del otro lado del dinero, de la institución.

Es necesario hacer notar que no se trata de la contracultura, por favor no se piense eso, la contracultura identificada con el arte fue un mal chiste que duró mucho tiempo, la contracultura puede ser el terrorismo y el arte no es terrorismo, que provoque terror es otra cosa diferente, pero hasta ahora no se ha hecho arte desde aquellas formas contra las que se manifiesta el mismo: el genocidio, la barbarie cientista, la guerra, el dominio totalitario, etc.

noviembre 16, 2007

ORÁCULO





ORÁCULO

Olivher E. Lòpez

Pasan con sus autos manchando los días,
sus salarios duraderos, confortables,
vestidos de ropa limpia, ojos de plástico negro.
Llevan en sus bolsos las ocupaciones, exhibirlas.

Miran la banqueta con recelo,
entre las sombras se posan unos besos,
el paisaje de un caminar
que cobra indiferencia en cada vuelta de esquina.
Lágrima que choca sobre el negro pavimento,
hierve.

Pasan con la máscara de la sonrisa
aventando sorbos de hastío.
Flaquean las pisadas,
vapor de lágrima dame otra noche
y soportar el pisoteo.

noviembre 15, 2007

Sin titulo

Por Oliver E. López



Hilo tiembla desde la puerta
ratas de pared

La gata de cine remedia su crisis


Parálisis nocturna

Llantos de palabra la mecánica del tacto al acto de decir

Que las horas se olvidan

Que no se ha gritado nada

Solo chispas de cuento

Manchadas en la nostalgia.



Escapa detrás de la frontera

Donde los ojos son transparentes
Y el cuerpo cansado mantiene la tarde quieta

Brinca las vías


No hay un final

noviembre 06, 2007

VUELO VELO

Vuelo Velo
Por: Oliver E. López



Para Beatriz, por devolverme la poesía que guardaba en sus secretos.






Antes de desempolvar las alas guardadas en el horizonte,
no pueden esperar los labios,
que se caiga la pistola que acaricia mi rostro,
grita ya no estás bala de noche,
porque me gusta sentarme a la orilla de los abismos,
caminar sobre las calles,
orinar entre los autos de madrugada,
olvidar el hambre,
las ventanillas de un camión urbano,
coleccionar conciencias.



No detengo los suspiros con segundos,
beso tu veneno,
porque ya no escribiré más
para las paredes de los sanitarios
sino para que sigas soportando mis desmayos,
espero sentado en el banco de la espera cruzado de sentimientos,
porque asomas el ojo y me guiña el corazón,
porque asomas el ojo y me guiña el corazón,
porque abrazas el alma
y me dejas la ilusión
de tu próximo momento ante mi cadáver.

octubre 31, 2007

Estado Dantesco

por: Oliver E. López





Bajaré despacio,
a ritmo de mambo saludo el pasado,
despido los momentos que sirven para el recuerdo
ya no hay lagrimas en el vaso, de esas que salen de la garganta,
no quedó pendiente la despedida,
espacio para dejar marcadas unas letras absolutas.
Bajaré despacio
barajando dos tres sentimientos con las ganas de no hacer trampa.

Voy a bajar
para no tener que cambiarle
de ropa a todos los días
ni sonreír con la garganta atorada
o las venas muertas.


Dejando pedacitos de una sombra sin luz

Otro cuerpo más,
qué peste.


Bajaré despacio, ¡música maestro!

octubre 09, 2007

Todos los quejosos tendrán a su favor la suspensión


Será la Corte la que resuelva en definitiva su constitucionalidad, dice Ortiz Mayagoitia

El primero de enero todos los quejosos tendrán a su favor la suspensión, señala el ministro
Jesús Aranda y Patricia Muñoz

Antes de que entren en vigor las reformas a la nueva Ley del ISSSTE –el primero de enero del año próximo–, todas las demandas habrán sido admitidas y todos los quejosos tendrán a su favor la suspensión a fin de que la nueva legislación no les afecte hasta en tanto la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resuelva en definitiva la constitucionalidad de dichas modificaciones.
Señaló lo anterior el ministro presidente del máximo tribunal, Guillermo I. Ortiz Mayagoitia, ante representantes sindicales y abogados de los más de 720 mil trabajadores que interpusieron amparo en contra de la ley del instituto, en una audiencia pública inédita en la que hubo un intercambio abierto de opiniones entre el juzgador y los quejosos, y donde el ministro dejó en claro que la autoridad no podrá aplicar los descuentos previstos a partir de la entrada en vigor de la ley, en enero, a los trabajadores que ya cuentan con la suspensión.
En un espacioso auditorio del máximo tribunal, Ortiz Mayagoitia envió un “mensaje de tranquilidad” y adelantó que será la Corte la que fije en definitiva los criterios de constitucionalidad en torno a dicha ley, y precisó que la resolución de un juez auxiliar administrativo, dada a conocer este lunes, en la que negó siete amparos y sólo aceptó la inconstitucionalidad de los artículos 20 y 25 de dicha legislación, constituye apenas “una decisión que no debe ni festejarse ni ser motivo de gran preocupación”, porque los recursos de revisión serán dictaminados en última instancia por el pleno de ministros.
Indicó que en los primeros tres meses del año entrante la Corte emitirá criterios definitivos sobre el tema, y confió en que una vez que los ministros “sustenten las jurisprudencias que van a derivar necesariamente de esta ley”, el Congreso de la Unión “atienda estos criterios como ha sucedido en otros casos, y que si tiene vicios de inconstitucionalidad se pudieran corregir legislativamente, con lo cual todo ese universo de asuntos quedaría resuelto”.
Entrevistados al término del encuentro, Agustín Rodríguez Fuentes, dirigente del STUNAM, y Francisco Hernández Juárez, líder de los trabajadores telefonistas, destacaron la apertura mostrada por la Suprema Corte y reconocieron que el anuncio hecho por Ortiz Mayagoitia de que todos los trabajadores contarán con la suspensión legal antes del primero de enero próximo, les permite esperar con tranquilidad el fallo definitivo.
Ortiz Mayagoitia explicó por su lado las razones que llevaron al Consejo de la Judicatura Federal, el cual también preside, a abrir dos juzgados auxiliares –uno entró en funciones hoy– para agilizar la resolución de las demandas, así como garantizar la legitimidad de la decisión final.
El ministro llamó la atención sobre el hecho de que “si los planteamientos de otras demandas son mejores y dan lugar a ampliar la concesión del amparo, desde luego los tendremos en cuenta al emitir la jurisprudencia, y siendo ésta obligatoria va a beneficiar a todos los quejosos. Con esto quiero decirles que la mejor demanda que se haya confeccionado va a beneficiar al universo de quejosos, siempre y cuando nos dé pie para constituir jurisprudencia en esos temas”.
Para tal efecto comentó que la revisión de los amparos será turnada directamente a la Corte y no a un tribunal colegiado, lo cual, con base en 50 o 60 asuntos tipo, es decir, los más representativos que abarquen todos los vértices de la demanda, permitirá a los ministros establecer sus criterios y emitir la jurisprudencia correspondiente.
En este contexto, tres elementos en el discurso de Ortiz Mayagoitia causaron buena impresión entre los presentes:
– Que había una decisión tomada sobre que en todas las demandas interpuestas ante los dos juzgados auxiliares administrativos se concedan las suspensiones provisional y definitiva, para que la nueva ley no se les pueda aplicar hasta la resolución definitiva de los recursos; a los pocos que les fueron negados fue porque presentaron su demanda antes de que se concentraran en el primer juzgado auxiliar.
– Que el tratamiento de los amparos se dé en términos de la legislación laboral y no administrativa, de modo que los juzgadores deberán suplir la deficiencia de la queja en favor los trabajadores.
– Que personal del Poder Judicial –incluidos jueces y magistrados– ha promovido sus respectivas demandas de amparo “y están con ustedes en calidad de quejosos”, lo que da una idea del reto que tendrá el pleno al momento de resolver.
Los integrantes de la dirección colectiva de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) aceptaron que con la audiencia pública, primera de su tipo en que participa el ministro presidente, cambió su visión respecto de que había una intención deliberada de la autoridad judicial de llevar a cabo acciones de retraso y de tortuguismo.
Para Hernández Juárez, es un avance muy importante que se vayan a dar audiencias públicas en este caso, lo que sentará un precedente en la defensa de los derechos sindicales, aunque apuntó que es prematuro asegurar cuál va a ser la decisión final de la SCJN.
Los dirigentes de la UNT plantearon que para enero próximo se prepara otro paquete de amparos de trabajadores al servicio del Estado contra la Ley del ISSSTE. Agustín Rodríguez dijo que ya se están recopilando las demandas de más trabajadores y se prevé acumular un número importante; sin embargo, se está esperando precisamente la entrada en vigor de esta reforma para que puedan proceder los nuevos amparos.

septiembre 22, 2007

El inverosímil Laberinto del Fauno

POr:


El año 2006 nos dejó entre otras producciones la película de Guillermo del Toro El Laberinto del Fauno, coproducción hispano-mejicana que ha destacado por su éxito en varios festivales cinematográficos. Destacó sobremanera su acaparación de premios en la ceremonia de los Oscars de la Academia Estadounidense de Cine. En total El Laberinto del Fauno consiguió tres estatuillas en la ceremonia del 25 de febrero de 2007: mejor fotografía, para Guillermo Navarro; mejor maquillaje, para David Martí y Montserrat Ribé; y mejor dirección artística, para Eugenio Caballero y Pilar Revuelta. Lo cierto es que las buenas referencias obtenidas en Estados Unidos han servido para enjuiciarla positivamente. Muchos destacaron el hecho de que el cine español «no subvencionado» por el Ministerio de Cultura recibía estatuillas, considerándolas equitativamente otorgadas.






Sin embargo, pese a la fama arrastrada por la película, sería pertinente analizar el filme más allá de los premios concedidos, los efectos especiales utilizados y otras cuestiones de detalle que no pueden valorarse sólo dentro del lenguaje cinematográfico y sí dentro de la ideología que, como sucede en toda película, nos transmite Guillermo del Toro. Ya hace unos meses la película mereció un comentario en los foros de nódulo materialista, «El Laberinto del Fauno y el Pensamiento Zapatero». Siguiendo la línea ya trazada en esa discusión, realizaremos una crítica a la película, señalando y que enlaza con otra cinta previa del autor sobre la guerra civil, El espinazo del diablo (2001), –primera de una trilogía que culminará con la esperada 1939-93– que utilizaremos como referencia comparativa.


Trama inverosímil


El Laberinto del Fauno narra la historia de una niña, Ofelia, cuyo padrastro es un capitán de la Guardia Civil, apellidado Vidal para más señas y cuya misión es perseguir a los maquis comunistas, escondidos en algún lugar montañoso de España durante el año 1944. Al mismo tiempo, la niña es una princesa en un mundo imaginario y paralelo al mundo real al que debe regresar. Para lograrlo ha de resolver las pruebas que un mitológico fauno le propone, mientras el capitán Vidal se va postulando como candidato a ser el malo más maniqueo de la historia cinematográfica y su hermanito está a punto de nacer. Finalmente, al tiempo que la niña cae asesinada por su padrastro en el mundo real, donde los maquis comunistas derrotan al destacamento de la Guardia Civil, la niña vuelve a su mundo de fantasía, donde su madre biológica y su padrastro son los monarcas y ella la princesa heredera.
La trama argumental se asemeja, en su combinación de fantasía y realidad, a El espinazo del diablo, película donde el protagonista es un niño que llega a un orfanato del bando frentepopulista poco antes del final de la guerra civil. El protagonista se ve acosado por el fantasma de un niño muerto a manos de un antiguo alumno de la institución, en ese momento miliciano y amante de la anciana directora del centro con el objeto de apropiarse de la fortuna de oro que ella esconde. Tal fantasma sólo logrará descansar en paz cuando logre cumplir su venganza mediante sus antiguos compañeros. Sin embargo, la trama de El laberinto del fauno, que aquí hemos expuesto de forma tan sintética para introducir posteriormente el análisis, resulta muy deslavazada, al contrario de lo que sucede en El espinazo del diablo, película mucho más meritoria que la archipremiada que aquí comentamos, como señalaremos más adelante.

Lo cierto es que las personas que hayan visto la película y tengan muy vaga idea del franquismo, seguramente se preguntarán al terminar: ¿qué tiene que ver el famoso fauno del laberinto con Franco? Y es que muchas películas pueden realizarse sin tener en cuenta la realidad histórica –el género hollywoodiense del peplum, con películas como Espartaco, es un ejemplo bastante plausible–, pero lo que no puede suceder es que el producto sea tan malo que cuente dos historias que no tienen nada que ver. Su resultado se convertirá en consecuencia en algo totalmente inverosímil. De hecho, sólo quien esté en el secreto de la memoria histórica y rezume antifranquismo por todos los poros de su piel podrá identificar el mal con Franco y los franquistas, caracterizados previamente como fascistas o incluso nazis, como hace Del Toro en su última película. En resumen, sólo un público previamente sumergido en semejantes relatos puede entender una sola línea del argumento.





Sin embargo, y volviendo a la cuestión de la fidelidad histórica, el hecho de que una película o una serie de televisión no respete la Historia, no implica que haya de ser mala ni que vaya a resultar un fracaso de audiencia o taquilla. De hecho, tenemos el ejemplo de la teleserie Cuéntame cómo [no] pasó, de amplio éxito durante varias temporadas en Televisión Española, donde la representación de los hechos del final del franquismo en la que se ambienta sigue un patrón muy similar a la ideología y la memoria histórica que transpira El laberinto del fauno. Con el agravante de que muchas personas no vivieron la época de posguerra y de los maquis comunistas, pero sí vivieron la última década del franquismo, conociendo por tanto de manera sobrada la época de la que se da cuenta en la teleserie. ¿Por qué entonces un éxito tan unánime entre el público, cuando se ofrece una imagen tan deformada de los acontecimientos?

Porque lo que procede hoy día, una vez muerto Franco, no es interpretar los años de prosperidad del final del franquismo como un resultado del propio régimen de Franco, sino como indicios de la libertad para que habría de vivirse después bajo la democracia coronada que iba emergiendo bajo la «represión y oscuridad» impuestas por Franco: los supermercados que facilitan el consumo masivo, la prostitución que va apareciendo en las calles, el «amor libre», el sentimiento antiestadounidense (¡No a la guerra!)... La serie en realidad nos pinta una España donde el franquismo ha quedado reducido a la mínima expresión, a mero trasfondo de Guerrilleros de Cristo Rey y de discursos de Franco en la Plaza de Oriente a los que había que ir por obligación y nunca libremente: la serie y sus guionistas llegan a alcanzar tal grado de mezquindad y ruindad, que insinúan que los obreros que no acudían a los discursos del Caudillo sufrían represalias de parte de sus jefes, cuando incluso el propio régimen pagaba a los asistentes el viaje y las dietas a quienes llegaban a Madrid desde todos los rincones de España.


En este ambiguo y viscoso ambiente donde se desenvuelven los personajes de la serie, diseñado por los guionistas, el objetivo confesado por la voz en off desde el presente del más pequeño de los Alcántara, siempre crítico con sus mayores, es llegar a la «recuperación de la democracia» –la República que siempre recuerda el hijo, mayor, el activista de la familia–. Una vez en ella, lo que habría que hacer es «barrer», cual basura, los restos del franquismo. Misión asumida por el actual gobierno socialista de España, lleno de antiguos franquistas por tradición familiar –el último en aparecer ha sido el Ministro de Justicia, Sr. Bermejo–, que, empeñados en borrar su pasado, no dudan en barrer incluso muchos de los pilares que se asentaron en tiempos del franquismo y que aún vertebran nuestra sociedad: la familia, caricaturizada con la vacua ley de «matrimonios homosexuales» y los ridículos sintagmas Progenitor A y Progenitor B; los derechos sociales y laborales de los obreros, simbolizados en una vivienda cada vez más inaccesible –pese a implantar un Ministerio de la Vivienda que ya existía en tiempos de Franco–; los salarios, degradados en los últimos tiempos a mayor gloria de los beneficios del empresariado a costa de contratar cada vez más inmigrantes de manera irregular, &c. Sólo queda que eliminen las vacaciones pagadas y el utilitario propio que otorgó Franco a la incipiente clase media española, para que así cumplan su feliz sueño antifranquista y logren, de manera freudiana, «matar al padre».

Porque la limpia es, como la memoria histórica, selectiva. Se barren las aportaciones del franquismo, que previamente se le han negado, y se implantan los «contratos basura» que constituyen una mera basura política y social, sólo superada por los acuerdos parlamentarios corruptos para el «diálogo» con la ETA. En nuestro caso, lo que habría que barrer de la política española, no ya para preservar «la democracia», sino para que España pueda pervivir como nación política y los derechos de sus ciudadanos se mantengan «perseverando en su ser», es al propio PSOE.



Memoria histórica parcial nuevamente


Frente a muchas interpretaciones de la película que incluyen la referencia a cierto pesimismo antropológico que muchos explican por la filiación católica de Del Toro, u otras que refieren los efectos especiales y demás aparatos técnicos (como la industria norteamericana hizo al otorgar los Oscars), lo cierto es que la película no puede resultar, en su conjunto, más deslavazada, sobre todo si se compara con otras realizadas por el mismo director. Es el caso de la ya citada El espinazo del diablo, del mismo género, el de la memoria histórica, con un engranaje y presentación que resultan totalmente distintas.


Porque efectivamente, en la memoria histórica anda el juego. Nada más empezar la película El laberinto del fauno aparece un rótulo explicativo en el que se dice que la historia se ambienta en la España de 1944, donde un grupo de heroicos guerrilleros lucha contra «el régimen fascista de Franco» [sic], mientras el capitán Vidal de la Guardia Civil comienza a matar a sangre fría como si fuera un psicópata. La primera en la frente, y luego van seguidas todo el rato: el capitán Vidal que persigue al maquis comunista no sólo es un ser depravado que mata por cualquier motivo, sino que quiere que su hijo, el hermanito de la protagonista, nazca viendo «una España grande y libre» [sic] que aparentemente sólo existe en su cabeza: mata a dos personas, depositarias de numerosa propaganda comunista, que en realidad sólo querían cazar conejos, como intentando demostrar Del Toro que no había tal amenaza comunista y el maquis luchaba, como suele decirse últimamente, por «la libertad»; el mismo maquis que escucha en la radio cómo se va produciendo el desembarco aliado de Normandía. Los mismos aliados que, según muchas versiones sobre la guerra civil y el franquismo, deberían haber liberado a España del «fascista» Franco.

La caracterización de la sociedad franquista de posguerra que realiza Del Toro es, como mínimo, patética: en plena montaña, en el puesto de la Guardia Civil, no sólo aparece el propio capitán Vidal presidiendo un banquete suculento –algo completamente fuera de lugar en una misión de alto riesgo como la que se le había asignado– y exaltando como un perturbado a la España grande y libre, sino que además, en uno de los flancos de la mesa, aparece un obispo, sin saberse qué pinta el ministro eclesial en un cuartel de montaña. Otros detalles que resultan patéticos son el rango y la caracterización del propio capitán Vidal. Su uniforme no es el de un militar, sino más bien uno que recuerda por sus colores apagados a los del fascismo de Mussolini o incluso de Hitler, con la estupidez añadida de ponerle el Águila de San Juan en los hombros, como representando la cruz gamada. Claro intento de homologar un símbolo de los Reyes Católicos históricamente establecido al arbitrariamente escogido por los nazis.


Vidal no es, por lo tanto, un militar. Podría ser un policía, incluso miembro de una policía de partido al estilo de las SS; pero entonces ¿por qué un policía encabeza un destacamento de la Guardia Civil en plena montaña? ¿Es un oficial del benemérito instituto o de una fuerza especial nazi-fascista? Es fácil intuir que Del Toro no conoce demasiado de la Historia del instituto armado fundado por Francisco Javier Girón, Duque de Ahumada, en 1844. En suma, Guillermo Del Toro ha realizado una caracterización tan grotesca del nacional catolicismo –militares y curas siempre de la mano– que nadie con un mínimo de instrucción puede soportarla sin soltar una estruendosa carcajada.


Además, Del Toro en ningún momento nos explica que quienes se han atrincherado en la montaña española son comunistas. Pero la memoria histórica en realidad no puede sino ser una adaptación de los recovecos del pasado en el presente, ignorando aquello que resulte molesto para el fundamentalismo democrático que, cual babosa, se filtra entre nosotros. Un ejemplo de lo señalado lo tenemos en el pasado año 2006: todos sufrimos el continuo y agobiante bombardeo de los aniversarios de la II República y la guerra civil, 75 y 70 años respectivamente, en descarada clave antifranquista, pero nadie mencionó el 50 aniversario de la primera gran acción contra el régimen de Franco: la huelga estudiantil de 1956. ¿A qué es debido esta flagrante omisión, incoherente con la propia memoria histórica? A que los protagonistas principales (y prácticamente únicos) de estos sucesos fueron los miembros del Partido Comunista de España, partidario de la dictadura del proletariado y de la Unión Soviética, y no de la actual democracia coronada, por lo que conviene a los actuales partidos democráticos, inmersos de lleno en la alianza de «todos contra el PP», no mencionarlo.
De hecho, la única mención que conocemos de la protesta de 1956 tuvo como objeto denigrar a sus actores: Ramón Cotarelo, en un reciente artículo suyo, afirma que las acciones de los comunistas durante el franquismo se reducen a «terrorismo» [sic], por una simple mención biográfica que le sirve de excusa para su larga diatriba anticomunista: Pablo Lizcano señala en su famoso libro La generación del 56. La Universidad contra Franco (1981) que la madre de Ramón Cotarelo era confidente policial en aquella época. Lo más curioso es que Cotarelo haya tenido que esperar al 50 aniversario de aquellos acontecimientos –25 años después del libro de Lizcano, que para todo un catedrático de Ciencia Política como Cotarelo debería ser de lectura obligada– para afirmar que demandará por calumnias a Lizcano. Afirmación que intenta ocultar el verdadero objeto de su artículo, que no es sino denigrar las acciones del Partido Comunista; dentro de la memoria histórica de nuestra democracia coronada, no es el partido sino «el pueblo» el sujeto de la Historia y el resistente antifranquista, como si estuviéramos asistiendo a un capítulo de la teleserie Cuéntame como [no] pasó.

Lo mismo sucede hoy día con la memoria histórica del año 1937, en plena guerra civil. Numerosos grupos, algunos de ellos nombrados previamente por nosotros, insisten en el desentierro de muertos en combate en el bando del Frente Popular, presentándolos como fusilados e inflando su número desproporcionadamente. Sin embargo, nada se dice, desde semejantes organizaciones destinadas a preservar la memoria histórica, de la represión y guerras civiles habidas dentro del Frente Popular. En mayo de 1937, hace ya setenta años, tuvieron lugar en Barcelona los famosos enfrentamientos entre comunistas, por un lado, y anarquistas y militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), por otro.


Fue la primera de las dos guerras civiles dentro de la guerra civil que caracterizaron al Frente Popular. Una vez derrotados anarquistas y poumistas por los comunistas al servicio de Estalin, se acabó la influencia de los primeros en Barcelona, siendo sus cúpulas dirigentes desarticuladas. Especialmente macabro fue el caso del POUM, cuyo líder Andrés Nin sufrió tortura y asesinato a cargo de los agentes del NKVD, posteriormente KGB, sin que los representantes de la memoria histórica hayan movido un dedo para intentar recuperar su cadáver. ¿Cabe mayor prueba del carácter selectivo de la memoria histórica que el comprobar cómo se gastan millones para recuperar a muertos en combate, disfrazándolos de represaliados, al tiempo que se rehúsa siquiera buscar el emplazamiento de una de las víctimas de la represión del Frente Popular? Precisamente, los mismos historiadores oficiales del régimen de 1978, que en tiempos del primer gobierno socialista rechazaban con buen criterio el concepto memoria histórica por psicológico, hoy día aplauden que el Valle de los Caídos, donde fueron enterrados combatientes de ambos bandos de la guerra civil, se convierta en un centro para el estudio de la memoria histórica, otra vez con el PSOE gobernando pero en mayoría precaria. Difícilmente podrían encontrarse ejemplos más palmarios sobre el parcialismo y funcionalidad política de la memoria histórica.

La segunda y última guerra civil que sufrió el Frente Popular fue la de una coalición de «todos contra el PCE» dirigida por el coronel Segismundo Casado en Madrid, que dio paso a la derrota de los comunistas y a la rendición incondicional que puso fin a la guerra civil el 1 de abril de 1939. Esta situación conflictiva, característica de las distintas generaciones de izquierda –al menos para quienes no nos movemos en el mito de la izquierda–, aparece insinuada en El espinazo del diablo: el miliciano amante de la institutriz colabora en el fusilamiento de varios miembros de las comunistas Brigadas Internacionales, bajo la excusa de ser extranjeros –«¿qué hace un chino en una guerra española?», se pregunta el miliciano con sorna, justo antes de la ejecución–. Como es natural, la representación de la película es que la guerra civil la pierden los frentepopulistas por culpa de traidores y egoístas –el mismo miliciano aparece caracterizado como un oportunista que sólo desea llevarse el tesoro que guarda la institutriz en su pierna ortopédica– que sólo buscan enriquecerse a costa de los demás. Pero al centrarse el filme exclusivamente en el bando perdedor, inevitablemente surgen las contradicciones que hubo dentro de él. El espinazo del diablo muestra claramente que no todo fue tan idílico como la memoria histórica de nuestra democracia coronada nos pretende hacer creer.



Volviendo a El laberinto del fauno, seguramente muchos de quienes la han valorado positivamente se han quedado con la historia fantástica y han reducido al mínimo el interés por la España de posguerra, que en su inmensa mayoría los españoles no vivieron y apenas conocen. Harán como el jurado de los Oscars y se quedarán con la magnífica fotografía, los magníficos efectos especiales, poco habituales en las películas de habla extranjera y ajenas al cine estadounidense, aunque el conjunto de la obra tenga una articulación muy débil. Otros la habrán visto desde su memoria histórica partidista y a fe que habrán valorado muy bien su contenido.

Y lo curioso es que la película no puede ser más burda y descaradamente partidista. Es más, seguramente no haya en el mercado cinta más partidista que esta, pues los maquis acaban derrotando a la Guardia Civil, utilizando además artillería pesada –no cabe mayor absurdo que una guerrilla que se mueve en territorio montañoso con algo tan difícil de transportar como la artillería pesada–, secuencia representada como si en realidad el Frente Popular hubiera logrado vencer la guerra civil y a Franco –el sueño a veces confesado de los miembros del actual gobierno socialista de España–. Esta secuencia es preludio del momento en el que Ofelia, la princesa atrapada en el mundo de los humanos, logra volver a su mundo aliciesco donde su madre y su degenerado padrastro son reyes de un mundo feliz y armónico que está no al otro lado del espejo, pero sí al otro lado de una puerta pintada con tiza. Se trata del mundo de la democracia recuperada tras el franquismo, muy en la línea del Poema histórico de los maquis presentado en dos episodios por el Canal de Historia en el año 2005.


Todas estas especulaciones no tendrían mayor trascendencia si no fuera por la importancia internacional de la película, Oscars incluidos. Y toda esta digavación infantil se acabaría de un plumazo si se citara que el alzamiento del 18 de Julio de 1936 se realizó en nombre de la República, como ya hemos señalado en nuestro artículo «Franco, treinta años después». Pero es que la memoria histórica es funcional, se eclipsa y se ilumina según conviene a quien la ejercita.


Tales mentiras y manipulaciones, dado su carácter críptico, sorprenden por su éxito, sobre todo en el caso del cine español –en este caso hispano– que acude a los Oscars de los que tanto reniega. Cine de una elite socialdemócrata que se cree por encima del vulgo sólo por el hecho de estar cerca de lo que ellos llaman «La Cultura» o «El Arte».


Conclusión

Se observa por lo tanto una verdadera degeneración ideológica en el proceso de la trilogía de la guerra civil a cargo de Guillermo Del Toro: en El espinazo del diablo son los propios republicanos quienes pierden la guerra por sus disidencias internas, aun representadas en la forma de malévolos traidores que sólo desean oro y fusilan a sus compañeros de la humanidad progresiva y avanzada, las Brigadas Internacionales. Visión bastante realista, pues precisamente en mayo se cumplieron setenta años de las jornadas de Barcelona en las que los comunistas se enfrentaron a los anarquistas y poumistas, toda una guerra civil dentro de la guerra civil. Pero El laberinto del fauno recae en los tópicos de la memoria histórica presentando a los maquis como una suerte de precursores de la democracia actual, en la línea del Poema histórico antes citado.

Habrá que ver la siguiente película, 1939-93, que cierra la trilogía, para corroborar si la degeneración ideológica del director mejicano, camino del Pensamiento Alicia, se ha visto completada.

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septiembre 04, 2007

PARA SEÑOROTAS, PUES LA CHELO SILVA

Por: Olivher E. López

Salgo a dar un paseo por el mercado ese en el que se encuentra de todo, desde unos tacos de tripas hasta un automóvil, pasando por un casco alemán, una cámara fotográfica, ropa, muchas cosas más y sobretodo discos. La música no falta en un mercado que se respete. Pues deambulando por ahí, con cerveza en mano y cuidándome de los polis, me topé con un puesto de discos, de los pocos que tenían música diferente, pues en la mayoría se encuentra más y más de lo mismo, música que para escucharla basta prender la radio. Éste era diferente, tan diferente que contaba con un vendedor mayor de edad y además de eso, buen orador, tan bueno, que me vendió tres discos en menos de 10 minutos. Entre blablabla y blabla los ponía y cambiaba de canción, cuando me di cuenta, me había dejado sin dinero y con tres discos en mano.

Pero qué discos. Pues los éxitos de la mismísima Chelo Silva que después de escucharlos sólo hay que decir algunas cosas para después seguir escuchando, que la música es del oído y no de la palabra.

Pues hay que decir que Chelo Silva dejó muy atrás a Chavela Vargas y a Paquita la del Barrio, en ese orden. Será cosa de gustos, pero Chavela es el vivo arquetipo del nacionalismo revolucionario y el mexicanismo cosmopolita Made in “New York” Es decir, Indio is “chic” para todos ellos mientras sea folclor, pero es naco cuando no. El mismo caso de la Sufrida Kahlo, productillo del mercadote de aquellos que se dicen “gente de cultura y de mundo” conocedores del arte y sus bemoles. Así Chavela.

De Paquita hay poco que decir, sólo que ha sido superada por Chelo Silva, mujer que con su voz y sus interpretaciones no hace falta que payasee levantando una botella de tequila para demostrarnos que es un mujeron, que conoce el arrabal y la buena vida, que sabe interpretar canciones y que por lo menos yo, me pongo a sus pies para lo que sea, conozco alguno que otro que haría lo mismo y sin que empiece a ofendernos por el defecto de ser hombres.

Pues cosas curiosas puede uno encontrar en un mercado situado en la urbe. Me hubieran asaltado, quitado mi dinero y hasta los zapatos, pero ningún asalto como el de aquel hombre que me bienvedió unos discos de Chelo Silva.

septiembre 02, 2007

CASTILLOS EN EL VIENTO


por: Jaime López




Desde la azotea las macetas son la jungla de mis sueños
Mas allá del tendedero y del cuchicheo del lavadero, despeino el cielo
 
 Y a mi comadre no le cabe en la cabeza que a esta edad 
 Me dé por ver castillos en el viento
 
Pero yo despeino el cielo 
Mientras que un escuincle ríe tras las nubes de mi pelo
Y es curioso que a esta edad se asome todavía  por aquí ese niño que hay en mi
 
Desde la camisa de fuerza y la corbata que estrangula
Mas allá de la cordura de quien va perdiendo la figura aleteo
 
Y a mi psiquiatra no le cabe en la cabeza que a esta edad me de por ver castillos 
 en el viento
  
Desde el calabozo tras la reja donde cumplo mi condena
 Mas allá de la injusticia de quien pone una cadena eterna
 Levanto el vuelo
 Y al carcelero no le cabe en la cabeza que a esta edad  me de por ver 
 Castillos en el viento...